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Typha domingensis (Pers.) Steudel
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Comentarios y citas reseñables
Comentario:
    Se separa de T. angustifolia por la ausencia de orejuelas -o éstas poco desarrolladas- en las hojas y por la presencia de abundantes glándulas mucilaginosas en la parte interna de la vaina, siendo escasas o inexistentes en aquella. La inflorescencia femenina de T. domingensis también es algo más gruesa y se halla más separada de la masculina. Además, la bractéola de la flor femenina es translúcida y tiene el ápice de color marrón claro.

USOS:
Tradicionalmente las hojas de ésta y otras especies de anea han sido una de las fibras naturales más apreciadas para la elaboración de asientos para sillas y trenzados diversos: para confeccionar horcas de ajos y cebollas, para atar las lechugas y otras verduras en el campo, en la elaboración de cuerdas, tejido de capazos para uso doméstico o agrícola, etc.; también como aislante para tabiques, techos y cobertizos, en la fabricación de persianas, para embalar objetos delicados y para la obtención de pasta de papel y fibras textiles. Las inflorescencias, los “canutos”, “cartuchos” o “puros”, teñidos de colores o no, se emplean con fines ornamentales, para decorar vasijas y floreros, y sus tallos para la construcción de zambombas. Se trata de un material muy versátil con el que pueden confeccionarse útiles muy diversos tales como jarrones, marcos para fotos y salvamanteles. Se utiliza como “filtro verde” en depuradoras por su capacidad para regenerar las aguas contaminadas o eutrofizadas y para fijar metales pesados en sus raíces.
Citas reseñables:
    En el sector pirenaico únicamente se conoce una referencia para la especie, que la sitúa en Enate, por el Cinca Medio (MOLINA, ABRIL & PERTIÑEZ 1998) y que habría que tratar de confirmar.
Algunos autores como BOLÒS & VIGO (1996) indican que, tras haber visto en Brasil poblaciones de T. domingensis, consideran que las plantas de nuestro territorio corresponden a T. angustifolia subsp. australis.
Autor ficha: N. Mercadal